Todo lo que no sabías sobre la alimentación yóguica

Si practicas Yoga, te beneficiará mucho llevar una dieta rica en vegetales. A continuación, te contamos todo lo que no sabías sobre la dieta yóguica.

La dieta tradicional del Yoga es esencialmente lacto-vegetariana. Se basa en el consumo de alimentos frescos, no procesados, cultivados en tierra fértil y preparados de tal modo que se conserven todos los nutrientes. Además, es una alimentación pura, o “sátvica”.

Esto quiere decir que es una dieta basada en alimentos puros y que promueven la armonía interior. Una parte fundamental de la nutrición en el Yoga es que tiene en cuenta los efectos de lo que comemos en nuestro cuerpo, mente y sistema energético.

“La práctica de Yoga ayuda a llevar una vida más sana y saludable, a preferir alimentos frescos, naturales, evitando los procesados o precocinados, las grasas saturadas, los excesos, la bollería industrial, los azúcares refinados; y a comer de forma lenta y equilibrada. Esto incluye masticar despacio, saboreando cada bocado, evitando así el estrés”, apunta Montse Folch

Por eso los Yoguis, prefieren los alimentos que proceden de manera directa de la tierra, el sol y el agua; y mucho mejor si su origen es orgánico o ecológico. Además, son muchos los que optan por una dieta vegetariana, que facilita una digestión ligera y la calma interior.

Esta dieta incluye alimentos naturales, ricos en nutrientes, puros, de fácil digestión. Como por ejemplo: los cereales, las legumbres, las semillas, las frutas, las verduras o los lácteos, entre otros.

Evitan algunos alimentos determinados, porque de una forma u otra alteran nuestra paz interior, generan pesadez, enfermedades o simplemente, contaminan su sistema energético.

Tampoco incluyen alimentos como los huevos, los ajos, la cebolla, el picante o la cafeína en su dieta. Por otro lado, los yoguis consideran nocivos para la salud todos aquellos alimentos amargos, agrios, salados, demasiado calientes, secos, picantes y fuertes. Y comer en exceso y rápido.

LAS TRES GUNAS:

En la filosofía del Yoga, la mente está formada de una parte más sutil o esencia del alimento que absorbemos. Si nuestro alimento es puro, la mente dispondrá de materiales de construcción adecuados para el desarrollo de un intelecto fuerte, además de una buena memoria. La alimentación yóguica es la que aporta paz interior al cuerpo y a la mente, la que nos anima al progreso espiritual. Toda la naturaleza, incluida nuestra alimentación, se divide en tres cualidades:

  1. Sattva (Puro) Es la que nutre al organismo a la vez que le aporta paz, equilibrio y tranquilidad. La digestión no es pesada, apenas genera toxinas y favorece una mente en calma. Los alimentos sátvicos son las frutas y verduras frescas, los cereales integrales, los frutos secos, las legumbres o las semillas germinadas, entre otros.
  2.  Rajas (Estimulante) Es la que impulsa a la acción en el exterior y al goce sensual, favoreciendo el estímulo en el sistema nervioso. Su consumo suele generar pasión y alegría, pero también puede alentar los altibajos de ánimo. Se consideran rajásicos los alimentos muy especiados (salados, ácidos, picantes, amargos…), el pan blanco, los pasteles, el azúcar blanco, el chocolate, el café, el té, las bebidas con gas, el ajo y la cebolla.
  3. Tamas (Putrefacto) Produce adormecimiento, inercia, desmotivación. Conduce a una pérdida de energía, por lo que la mente pierde claridad y el cuerpo envejece antes de lo previsto. Los alimentos tamásicos no son nada frescos, recalentados varias veces, muy cocidos o muy fritos. Es el caso del pescado y la carne de animales criados en cautividad y sacrificados hace días, los quesos curados (en especial los azules), las setas, las carnes grasas, las conservas de calidad mediocre y las bebidas alcohólicas.

En resumen, los alimentos rajásicos y tamásicos afectan nuestra energía vital, nuestra calma interior, nuestra salud, y tienen un impacto en nuestros cuerpos sutiles, que es nuestra anatomía energética.

Así como comer poco es rajásico, comer demasiado tampoco es bueno. Aunque hayamos consumido alimentos sátvicos, fáciles de digerir, naturales y nutritivos, si comemos en exceso tendremos un declive en nuestra energía. Muchas personas se quejan de sentir sueño después de comer y tiene que ver con las cantidades de comida ingeridas.

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